
Pasta con tomate y albahaca
La pasta de tomate de siempre, con el orden correcto de los pasos y un poco de agua de cocción para que la salsa se pegue al plato.
Nevera a medias
Pocos ingredientes no significa comida pobre. Significa que cada uno cuenta y que no vas a comprar siete cosas para hacer un plato. Aquí solo entran recetas de cinco ingredientes principales como máximo, sin contar la sal, el aceite ni lo que la propia receta marca como opcional.
46 recetas en esta selección
La selección

La pasta de tomate de siempre, con el orden correcto de los pasos y un poco de agua de cocción para que la salsa se pegue al plato.

Una tortilla doblada con queso fundido, explicada para que el huevo quede cuajado sin resecarse.

Un bol de yogur con fruta cortada y avena tostada. Tres minutos, cero cocción y sirve igual de desayuno que de merienda.

Pan blandito tostado con tomate restregado, aceite y sal. Cuatro minutos para el desayuno más barato y más honesto de la despensa.

Se prepara en cinco minutos la noche anterior y por la mañana está lista. Sin cocinar, sin fuego y sin ensuciar nada más que un vaso.

Un bocadillo frío que se monta en cinco minutos con una lata de atún, un huevo cocido y lo que tengas en la nevera.

Tomate y mozzarella con albahaca y aceite, sin cocción y con cantidades claras para una ración.

Pan tostado con queso fresco, tomate y un hilo de aceite. Se monta en cinco minutos y no necesita ni sartén ni horno.

Espinacas salteadas y huevo cremoso en una sola sartén. Siete minutos para un plato con verdura que no sabe a dieta.

Pan tostado con aguacate aliñado y un huevo a la plancha, listo con una sartén y pasos sencillos.

Tomate, cebolla y aliño, con el orden correcto para que no se aguache. Ocho minutos y el plato de verano más honesto que existe.

Un revuelto cremoso con tomate pochado en la misma sartén. Ocho minutos y dos ingredientes principales para empezar el día o resolver una cena.

Gambas en aceite de ajo y guindilla, listas en nueve minutos. Un plato de bar que en casa sale mejor si respetas el orden.

Un bote de garbanzos, una lata de atún y lo que tengas para aliñar. Diez minutos, sin fuego y con proteína de sobra.

Lentejas de bote con queso de cabra, tomate y un aliño con mostaza. Diez minutos y ningún fuego encendido.

Garbanzos de bote y espinacas salteados en una sola sartén para una comida rápida y sin remojo.

Un salmorejo más ligero, sin pan, que se tritura en diez minutos. Se sirve frío y aguanta varios días en la nevera.

Tortitas de tres ingredientes sin harina ni azúcar añadido. Diez minutos para un desayuno que llena de verdad y se hace en una sartén.

Un wrap frío con hummus comprado y verdura crujiente. Diez minutos, sin fuego y perfecto para llevar en un táper.

Champiñones dorados con ajo, guindilla y perejil. Once minutos y un plato que sirve de tapa, de guarnición o de cena ligera.

El arroz de nevera salteado a fuego fuerte con huevo, soja y cebolleta. Doce minutos y una sartén para una cena que sabe a restaurante.

Brócoli dorado por fuera y tierno por dentro, con ajo y limón. Doce minutos para que la verdura deje de saber a verdura hervida.

Patatas de bote doradas y dos huevos fritos encima. Doce minutos para una cena de despensa que parece de bar.

Lomos de merluza dorados en la plancha con ajo y perejil. Doce minutos y el método para darle la vuelta sin que se rompa.

Tortilla de trigo rellena de pollo y queso fundido, dorada en la sartén. Doce minutos con restos de pollo asado y muy poco trabajo.

Setas doradas y huevo cuajado en hebras, con el ajo justo. Doce minutos para un plato de otoño que también sirve de cena ligera.

Un plato de nevera en trece minutos: arroz ya cocido, tomate frito y una lata de atún. Sencillo, barato y sin nada que se pueda arruinar.

El cuscús se hidrata en cinco minutos y las verduras se doran en la sartén. Trece minutos para un plato vegetariano que llena de verdad.

Ajo dorado despacio, perejil y un poco del agua de la pasta para que el aceite se pegue. Trece minutos con lo que ya tienes en la despensa.

Filetes finos de pollo a la plancha con limón y ajo. Trece minutos, tres ingredientes y el método para que no queden secos.

Un caldo con fideos listo en trece minutos, con lo que tengas en la nevera. El plato perfecto para una noche fría y sin ganas.

Tofu dorado y crujiente por fuera con salsa de soja y verduras. Trece minutos y el truco de prensarlo antes.

Berenjena dorada en la sartén y terminada con un hilo de miel. Catorce minutos para un plato que suele pedirse en los bares.

Patatas doradas, jamón y huevos con la yema líquida para romperla encima. Catorce minutos con patatas ya cocidas y sin freír nada de cero.

El atajo real para hacer tortilla sin freír patatas. Catorce minutos y el mismo sabor que la de siempre, con una advertencia sobre la sal.

Coliflor dorada con cebolla pochada y pimentón. Quince minutos para convertir una verdura aburrida en un plato que se come solo.

Un bote de garbanzos guisado con tomate y espinacas en quince minutos. Vegetariano, completo y con sabor a plato de cuchara.

Huevos duros rellenos de atún y mayonesa, o servidos en ensalada si vas con prisa. Quince minutos, la mayoría de espera.

Lentejas de bote con un sofrito de tomate y chorizo. Quince minutos para un plato de cuchara que sabe a guiso de toda la vida.

La pasta de siempre con un chorizo que hace la salsa por ti. Quince minutos y una sartén para una comida que llena.

Una cena de despensa en quince minutos. Se hace con una lata de atún, un puñado de aceitunas y lo que tengas para aliñar.

Una salsa de sobrasada que se deshace sola y se agarra a la pasta. Quince minutos, cuatro ingredientes y una sartén.

Tortilla jugosa con calabacín en dados, sin pochar media hora. Quince minutos para una cena completa con verdura.

Ensaladilla con patata y zanahoria ya cocidas, así que solo hay que esperar a los huevos. Dieciséis minutos en total.

Hamburguesas de lentejas cocidas que se sujetan solas y no se deshacen en la sartén. Dieciséis minutos para cuatro unidades.

La ensalada de pasta de toda la vida, con un aliño que no se separa. Dieciocho minutos reales, porque la pasta hay que cocerla.
Contamos los principales, los que definen el plato. No entran la sal, el aceite, el agua ni nada que la receta marque como opcional.
Es la única forma de que el número signifique algo. Si contáramos la sal y el aceite, ninguna receta bajaría de siete, y el dato dejaría de ser útil para decidir.
La mayoría de los platos de todos los días llevan pocos ingredientes. Lo que cambia el resultado no es la cantidad, es el orden y el punto.
Un ejemplo: pasta, tomate, ajo, aceite y albahaca. Cinco cosas. Si el ajo se quema, el plato está arruinado; si se dora justo, sabe a restaurante. El ingrediente no es el problema, la técnica sí.
Con pocos ingredientes, cada uno se nota. Por eso conviene que los básicos sean buenos: un aceite de oliva decente, sal, y un par de cosas que den sabor de golpe (ajo, limón, pimentón, mostaza).
Una despensa corta pero usada rinde mucho más que una llena de cosas que no tocas. Si un ingrediente lleva seis meses sin abrirse, no es un básico, es un mueble.
Si además de pocos ingredientes no tienes ninguno, el problema no es de recetas. Echa un ojo a las combinaciones de emergencia: casi siempre hay una cena en la despensa que no habías visto.
Para entenderlo mejor
Seguir explorando
Esta página se mantiene sola: su lista se calcula con las recetas publicadas.