Cocinar para uno tiene dos problemas opuestos: sobra comida o falta. La solución no es dividir las recetas a la mitad, porque la mayoría de ingredientes se venden en cantidades fijas y acabarías con medio paquete siempre.
La estrategia que funciona: cocina una vez, come dos
En lugar de pelearte con las cantidades, acepta que vas a cocinar para dos y planifica el segundo uso. El truco es que el segundo plato no sea el mismo plato.
- Cocina pasta con tomate → mañana, esa pasta con atún y aceitunas es una ensalada, no una repetición.
- Haz más pollo a la plancha → mañana en una quesadilla o en un salteado de arroz.
- Cocina un guiso → congela la mitad en ración individual y no la vuelvas a ver hasta que te apetezca.
La clave es cocinar de forma neutra para que el segundo uso admita otro sabor: pollo sin salsa, arroz blanco, verdura salteada sin mucho condimento.
Cómo ajustar una receta para uno sin complicarte
Hay tres cosas que sí conviene ajustar y dos que no:
Ajusta: la proteína (300 g de pollo para uno de 200 g), la pasta o el arroz (70-80 g por ración como referencia), y la cantidad de agua, sobre todo en arroces y sopas.
No ajustes: las especias, el ajo y el aliño. Casi puedes dejarlos igual. Reducirlos suele dejar el plato soso.
El huevo, tu mejor aliado
Si cocinas para uno, los huevos son la mejor herramienta: se venden en cantidades pequeñas, se adaptan a cualquier cantidad y resuelven una cena en cinco minutos.
Con una tortilla de dos huevos y lo que sobre en la nevera tienes cena casi cualquier día.
La compra pensada para uno
- Fruta y verdura suelta, no bolsas de un kilo. Y congelada para lo que solo usarás de vez en cuando.
- Latas y legumbres: perfectas para uno, porque abres solo lo que necesitas.
- Carne y pescado en raciones individuales: pide al pescadero o al carnicero que te las separe, y congela lo que no vayas a usar.
- Cuidado con las ofertas en grandes formatos: duran más de lo que tardas en usarlas.
El enemigo real: la repetimos
Comer lo mismo cuatro días no es un problema de cantidad, es de variedad. Y se arregla cambiando una sola cosa del segundo plato: una salsa distinta, un huevo frito encima, un aliño nuevo.
El mismo guiso con un huevo encima y pimentón no se parece al de ayer, aunque sea literalmente el de ayer.




